Hoy se cumplen 200 años del nacimiento del novelista inglés Charles Dickens, uno de los más conocidos de la literatura universal. Un recorrido por la red nos permite conocer a fondo la vida y obra de este magnífico escritor y comprobar la intemporalidad de los temas presentes en su vasta obra, que retratan las pasiones y las miserias del ser humano. Veamos:
* Excelente especial de El Mundo: El cronista insomne
* Sitio oficial Dickens 2012
* En Twitter
* En Google
* Museo de Dickens en Londres
* Selección de cuentos en español en Ciudad Seva
De este último sitio es el siguiente cuento:
El velo negro
Una
velada de invierno, quizá a fines de otoño de 1800, o tal vez uno o dos años
después de aquella fecha, un joven cirujano se hallaba en su despacho,
escuchando el murmullo del viento que agitaba la lluvia contra la ventana,
silbando sordamente en la chimenea. La noche era húmeda y fría; y como él había
caminado durante todo el día por el barro y el agua, ahora descansaba
confortablemente, en bata, medio dormido, y pensando en mil cosas. Primero en
cómo el viento soplaba y de qué manera la lluvia le azotaría el rostro si no
estuviese instalado en su casa.
Sus pensamientos luego cayeron sobre la visita
que hacía todos los años para Navidad a su tierra y a sus amistades e imaginaba
que sería muy grato volver a verlas y en la alegría que sentiría Rosa si él pudiera
decirle que, al fin, había encontrado un paciente y esperaba encontrar más, y
regresar dentro de unos meses para casarse con ella. Empezó a hacer cálculos
sobre cuándo aparecería este primer paciente o si, por especial designio de la
Providencia, estaría destinado a no tener ninguno. Volvió a pensar en Rosa y le
dio sueño y la soñó, hasta que el dulce sonido de su voz resonó en sus oídos y
su mano, delicada y suave, se apoyó sobre su espalda.
En efecto, una mano se
había apoyado sobre su espalda, pero no era suave ni delicada; su propietario
era un muchacho corpulento, el cual por un chelín semanal y la comida había
sido empleado en la parroquia para repartir medicinas. Como no había demanda de
medicamentos ni necesidad de recados, acostumbraba ocupar sus horas ociosas
-unas catorce por día- en substraer pastillas de menta, tomarlas y dormirse. [leer el cuento completo]
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| Doodle de Google dedicado al bicentenario de Dickens. |








